
Los pasos de Almustafá, El Profeta, ya se escapaban de Orfalis y cruzaban el país de los cedros hacia la tierra de Israel. Janaish el vagabundo lo llevó hasta la casa que albergaba a Maitreya más allá de la frontera del lago de Galilea. No había más espacio que la mente de un hombre en Israel que pensaba en la montaña de Bihar. Era una historia sin más sentido que la vida. Y esa vida era la nuestra que estaba ahí, mirándonos como un espejo sin vidrio tan siquiera. Dios mío, gritó el Budista, si no existes igual te doy gracias, es que vivir ciertamente es un milagro. Y Almustafá se echó a reír mientras comía a la sombra del olivo. No sé si esto es una historia real, solo sé que es verdadera, y que cuando Maitreya dejó la Higuera, los
pasos del Boddhisatva y el Profeta llegaron a la Tierra de Judá. Y una vez ante la multitud que seguía sus pasos un sacerdote preguntó:
"Hablad Señores de la Libertad y la Justicia", y Almustafá contestó:
Almustafá: Si lo que queréis abolir es una ley injusta, debéis saber que esa ley fue escrita por vuestra propia mano sobre vuestra propia frente.
Maitreya: Si os encadenáis a vuestra ambición de ser libres, recordad empero que la libertad tiene como madre la esclavitud, y ciertamente los hombres son esclavos de la búsqueda incesante de ser totalmente libres.
Almustafá: Y así vuestra libertad, cuando pierde sus cadenas, se convierte en cadena de otra libertad mayor.
Maitreya: Es que es bueno recordar que cuando lo pequeño se agota comienza lo inseparablemente grande. Y en esa grandeza el ser humano es esclavo de la interdependencia e interrelación de todas las cosas. Así es el Uno al cual otros llaman el Todo, o Almustafá llama Dios, y yo prefiero llamar Dharma.
(Una mujer llamada Miriam de la tierra de Judá se acercó al Bodhisatva y al Profeta, y les preguntó: Maestros hablad de la Santidad, de la Moral y de la Paz Espiritual que nos aleja de los deseos.)
Almustafá: Quien usa su moral como su mejor vestido, mejor estaría si estuviera desnudo.
Maitreya: Hay entre vosotros quienes buscáis la santidad para ser alabados por vuestro prójimo, y sólo os apartáis del mundo para ir al encuentro de la gloria. Hay entre vosotros quienes buscáis la paz espiritual para no sufrir las derrotas que vuestras ambiciones reciben en los deseos que no podéis a diario cumplir. Y son de tal modo vuestros actos que evitáis siempre el dolor y el sufrimiento aun olvidando el placer que la vida os ofrece. A tal punto evitáis el dolor que os parece mal encontrar al placer en vuestro paso.
Almustafá: Sí, realmente el placer es una canción de libertad. Y me gustaría que la cantáseis con todo vuestro corazón, mas no quisiera que perdáis ese corazón en el canto. Algunos de vuestros jóvenes buscan el placer como si el placer fuera todo, y son por ello juzgados y censurados, yo no los juzgaría, ni los censuraría, les dejaría buscar, porque encontraran al placer, pero no sólo.
Maitreya: Vosotros, los que buscáis la paz espiritual, ¿os creéis por eso más espirituales? Pensáis por si acaso que el deseo de no tener deseos no es un deseo al fin tan burdo como los otros que podéis encontrar.
Almustafá: En su temor a la búsqueda y al recuerdo rehuyen todo en los placeres por miedo a menospreciar el espíritu o a ofenderle. Mas esa renuncia misma es su placer.
Maitreya: Y a ese placer de renunciar al mundo le llamáis santidad. Almustafá: Mas decidme ¿quién puede ofender el espíritu? Maitreya: Nadie, porque él fluye en el tiempo sin dejar ni siquiera una huella.
Almustafá: ¿Quien no sabe si lo que hoy hemos reprimido no brotará mañana?
Maitreya: ¿Y quién os garantiza que vuestra paz espiritual no sea sólo vuestra propia censura impuesta a vuestros deseos?
Almustafá: Nadie puede revelar os nada que no yazga aletargado en el amanecer de vuestro conocimiento.
Maitreya: Nadie puede enseñaros algo que ya no esté desde siempre en vuestra mente, ¿porque estando fuera de ella, cómo la entenderías?
Almustafá: Si un maestro es de verdad sabio, no os pedirá que entréis en la casa de su sabiduría, sino que os guiará, más bien, hasta el umbral de vuestro propio espíritu
Maitreya: El buen cazador enseña a hacerse con la presa, mas nunca caza por su discípulo, ni come por él.
Almustafá: De igual forma cada uno de vosotros se halla solo en el conocimiento de Dios, así cada uno de vosotros debe estar solo en su conocimiento de Dios y en su conocimiento de la tierra.
Maitreya: Quedaos solos en vuestro conocimiento de Dios, mas recordad que en vuestro conocimiento de la tierra aprenderéis con el paso de los días, que siempre que busquéis la Libertad, al encontrarla ella os traerá, placeres y dolores. Mas por esa Libertad libraréis combates a cada instante y por ellos luego buscaréis en los momentos de derrota la tan ansiada Paz Espiritual y una vez. en ella esta os traerá con el tiempo monotonía y aburrimiento. Pediréis a vuestro tiempo entonces Sabiduría y una vez que la tengáis ella os hará descubrir que siempre quisisteis ser felices. Y aprenderéis que solo el Amor os regalarais la felicidad.
Almustafá: El amor no tiene más deseo que realizarse.
Maitreya: Y el deseo no tiene mas realización que el amor.-
Extractado de la obra de teatro: Maitreya de F. Estévez Griego; textos y
autores: Kalil Gibrán por Almustafá (El profeta) y Dr. F. Estévez Griego
por Maitreya "Método de Transposición Literal".